Un sociólogo norteamericano dijo hace más de treinta años que la propaganda era una formidable vendedora de sueños, pero resulta que yo no quiero que me vendan sueños ajenos, si no sencillamente que se cumplan los míos.
Señor usted no se imagina cuanto le amo, ni siquiera yo puedo imaginar si se puede describir en palabras, le amo en cada verso, sílaba y estrofa, incluso le amo en cada pausa que se toma. Le podría decir muchas cosas pero sólo diré que la inmensurable belleza de cada palabra que proviene de usted, no son de este mundo.
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